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Carmen, Jesús e Iñaki

A finales de los 60 ya éramos “Carmen y Jesús, el único dúo mixto de la provincia”(entonces, todavía de Logroño). Nos gustaban, y cantábamos, los temas de moda. Desde Adamo a los Beatles, pasando por el Dúo Dinámico. Hasta que nos dimos de bruces con Bob Dylan por un lado, y Paco Ibáñez por el otro.Aquello varió la orientación de nuestros ideas musicales y vitales. En los primeros 70 ya estábamos empeñados en cambiar el mundo. Nos llegaban los ecos del mayo francés, la consigna de Comisiones de tomar los sindicatos desde dentro (yo trabajaba en un banco) y la ingenuidad franco-tiradora de acabar con el franquismo a base de editar panfletos, okupar otras instituciones, intentar legalizar una Asociación de Amigos de la Unesco (no lo conseguimos, pero he llegado a ver los archivos policiales, todo un poema), o apoyar a procuradores honestos Hicimos lo que pudimos, supimos y nos dejaron. Al tiempo llegaba la militancia más disciplinada en el Partido Comunista, las citas clandestinas, el reparto de propaganda y las primeras reuniones con otros grupos y partidos de la oposición.

De nuestro encontronazo musical con la dictadura franquista surgió un grupo llamado “Rebaño Feliz” y ya paseamos  La Rioja entera anunciando, empujando y rompiendo estacas y barrotes. Textos y músicas de Ibáñez, Raimon, Llach, Brecht, Machado, Yupanqui o Quilapayun. Y cosas nuestras. Aquella andadura, compartida a veces con otros grupos como “Los Hijos de la Oveja” de Nano Martínez, nos reportó algunos problemas con las autoridades competentes y alguna visita a comisaría por “desafectos” al régimen. Llovía sobre mojado.

II. Carmen y yo pensamos en dedicarnos de lleno a la canción, entendida como una forma de comunicación con los demás a través de la música y la palabra. Y del compromiso con el tiempo que nos tocaba vivir. Dejamos Logroño al comenzar el año 1974. La dictadura era como para toda la vida y, por si fuera poco, Allende y su experiencia socialista morían en Chile. Nos ahogaba el franquismo. Y nos fuimos a París, donde la bohemia era como un arte y al Sena se le conocía más por una de sus orillas, justamente la izquierda. Aunque divina.

Durante dos años recorrimos Europa cantando como “Carmen y Jesús”. Compartimos escenario con mucha gente (Imanol, Francisco Curto, Francisco Montaner, Joaquín Sabina, Ramón Muntaner,Manuel Gerena, Jorge Melgarejo, Isabel y Ángel Parra, Paco Ibáñez…) y la casa con todo aquel que nos la ofreció. Cuando nosotros la tuvimos, también la abrimos a los demás. Fue un tiempo irrepetible. Convivimos con emigrantes que se emocionaban con nuestras canciones y con otras de Manolo Escobar o Antonio Molina. Aquello nos rompió los esquemas y puso en tela de juicio algunos principios de nuestra sedicente progresía izquierdista. De hecho aprendimos a gustar y cantar boleros con Joaquín Sabina en cualquier restaurante…

Estaban también los estudiantes, y multitud de situacionistas, esto es, gente joven desvirgando su inocencia provinciana o española (que venía a ser lo mismo respecto a Europa), y tratando de comerse el mundo de un “bocao”, a riesgo de indigestión. En la Europa de la emigración concienciada el PCE era la fuerza predominante. Seguían en pie algunos círculos anarquistas y otros vascos, republicanos o socialistas. En Alemania conocimos a Iñaki, un chaval que cantaba con sus hermanos en un grupo de canción popular (“Despertar”) y que sin pensárselo dos veces, se vino con nosotros. Ya éramos “Carmen, Jesús e Iñaki”.

III. Volvimos en febrero del 76. Habíamos salido de España por nuestra propia voluntad, pero cuando quisimos volver, antes de la muerte de Franco, no nos lo permitieron. Un funcionario nos dijo en la embajada en París, cuando reclamábamos el derecho a volver a nuestro País (el pasaporte), que “éramos anti-españoles”. Aquel señor tuvo que levantarse y pedirnos disculpas. No sé si entendió nuestro alegato: éramos españoles anti-franquistas. (Por cierto que en épocas muy recientes nos han llamado igual o parecido por disentir del pensamiento único bush-aznarista…) Llegamos a tiempo de correr delante de los grises en Barcelona (“llibertat, amnistía, estatut d’autonomía&rdquoicon, Madrid o Logroño. No nos dieron nunca, pero Carmen se caía siempre. En octubre del 76 cantamos en  Escolapios . Fue la versión riojana de aquellos recitales con fila 0 que iban marcando la transición en otros lugares. Allí estaban líderes sindicales, de la Unión de Agricultores (esta vez sin los tractores), vecinales y políticos. Y gente, mucha gente, hasta en el escenario donde ya no cabíamos más. En nuestro repertorio figuraban canciones que hablaban, cómo no, de libertad y de amnistía. Y también de La Rioja (aunque no todavía de “estatuto de autonomía&rdquoicon. Que si paseando de la  calle San Juan a la  calle Laurel , y a currelar Manuel… O lo de mi pueblo dormido (me estremece, a veces, escuchar a Carmen “voy buscando una canción / para poder despertarlo/ voy cantando una canción /para poder levantarlo&rdquoicon.

Poco más tarde, ya con discos por medio, sería el turno de “La Rioja existe”, “Los quintos” y “La Rioja empieza a caminar”.

Como “Carmen, Jesús e Iñaki” actuamos en toda España y parte del extranjero, pero sobre todo nos pateamos La Rioja de arriba a abajo, cantando en salas, remolques, o frontones. En realidad La Rioja era nuestro escenario. Aquello era una fiesta, de verdad que fue una fiesta. Jamás podré olvidar a la gente que nos esperaba y nos acompañaba. Su fuerza, empeño e ilusión. La cena en la bodega. Más gente todavía. Y la vida por delante, La Rioja por delante. A todo color. Que nuestras actuaciones se vistieron, desde su nacimiento, con las  banderas de La Rioja y de la solidaridad.

A todo esto, y para cada recital, se tenían que molestar los organizadores (asociaciones culturales, de vecinos, de jóvenes…) en pedir permiso en el Gobierno Civil, adjuntando las letras de las canciones (naturalmente las aprobadas por el Ministerio de Información y Turismo). Luego les llegaba una autorización que más parecía una amenaza “por lo que pueda pasar”, completada con la presencia, en el lugar de los hechos y los cánticos, de la policía o la guardia civil que, finalmente, redactaban el informe correspondiente. He conseguido algunos, y no tienen desperdicio. No entendían nada de cerillas encendidas, manos unidas y solidaridad…

Tuvimos problemas en muchos sitios. En algún pueblos nos cortaban los cables, en otros nos prohibían cantar aún contando con la preceptiva autorización. Lo de  San Asensio fue otra cosa, allí las autoridades se tomaron en serio los consejos de Gobernación y nos mandaron llamar. El resto lo cuenta la balada. Pero qué bonita actuación. Qué maravillosa gente…

IV. En uno de nuestros temas, hablábamos de la canción y la palabra, del puño y la conquista. Era “la batalla del verso”. Nosotros habíamos apostado, también y desde nuestra profesión, por una sociedad más justa, por una idea y un programa. Eramos peceros los tres. En las elecciones de 1977 pusimos nuestro equipo y tiempo a disposición del Partido, pero no actuamos. Como tampoco lo hicimos en 1979, aunque fui candidato al Senado. Sí cantamos en las fiestas del Partido en La Rioja, abiertas a toda la ciudad, a otros cantautores y a grupos de rock y verbena. Tuvimos un exquisito cuidado en no mezclar el trabajo, inevitablemente influenciado por nuestra ideología, con la militancia política. Y menos con la partidista. Tratamos, en lo posible, de cantar para todos… los que quisieron escucharnos. Algo de eso me pareció recoger cuando el 1 de julio de 1979 nueve mil personas, y algunas banderas menos, recordaban a Carmen Medrano en la  plaza de toros de Logroño .

En el escenario se dieron cita todos los medios de comunicación de La Rioja, poetas y algunos de nuestros compañeros de canción; de la tierra (Antonieta Larrea, Chema Purón) y de todas partes (Labordeta, La Bullonera, Elisa Serna, Quintín Cabrera, Joaquín Sabina,Jorge Melgarejo,Imanol Larzábal). Carmen Medrano había muerto el 2 de junio de ese año 79, tras una difícil operación. Tenía 29 años.

Recuerdo aquellos años, y los siguientes. Y escribo sobre ello. Fue duro, difícil a veces, problemático en ocasiones. Pero derrochamos lo que teníamos. Ganas de trabajar y de hacer una sociedad mejor. Que empezaba por recuperar la libertad y continuaba luego tratando de organizar la convivencia democrática de los españoles, incluyendo la autonomía de sus pueblos, regiones y nacionalidades. Conseguimos la autonomía para La Rioja y creo, sinceramente, que así está mejor. Y que fue obra de muchos, eso sí, tras un camino retorcido, contradictorio y apasionante. Una Rioja de todos y para todos, imperfecta, discutible y mejorable, como debe ser.

En todo esa historia, de libertades y autonomías, “Carmen, Jesús e Iñaki” arrimamos el hombro, como tantos otros. Sólo que a nuestro grano de arena le pusimos música. Todavía se puede escuchar.

Fuente:  wikirioja

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