Obras Públikas

Obras Públikas

En 1985 un puñado de grupos desconocidos de rock organizan un concierto-protesta en Logroño por la visita a España de Ronald Reagan. Allí nace Obras Públikas, en Logroño.

A los pocos meses, el joven grupo gana el primer premio del concurso Morro-Rock, que organiza el Ayuntamiento de Logroño. Es así como esta banda riojana compuesta por J. P. Echagoyen (voz), Nacho Colis (batería), José I. Foronda (guitarra) Miguel Ángel Simón (guitarra), Roberto Gil (saxo) y Emilio Laseca (bajo), consigue grabar su single. En él se recogen dos temas: ‘La locura del Doctor Muro’ y ‘Etiopía’.

A partir de ahí empiezan a ensayar en serio y en 1986 graban un Mini-Lp, de nombre homónimo, con el sello navarro Nola. El disco se grabó en los estudios Claro que sí, con producción a cargo de Ramón Guemes y el propio grupo. Los temas eran ‘Son las ches’, ‘Logroño no existe-Logroño ciudad’, ‘Nuestra encomiable labor social’, ‘El que no corre vuela’, ‘Me dió una gran satisfaccion’, ‘No metas a la tabla en esto’ y ‘(Es demanda, es terrible esta sequia) en Etiopia’.

Al año siguiente el grupo se disuelve, sin llegar a grabar un segundo álbum que ya estaba esbozado.

Posteriormente, Nacho Colís formó parte de Mar otra vez, junto a Javier Corcobado.

Redacción NO80s

El altar mayor de la música rock en La Rioja tiene algún santo, más de un demonio y una gavilla de obras sagradas. Entre ellas, el disco que Obras Públikas sacó al mercado en 1987 y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en pieza de culto. Tanto, que ni tiene nombre.

No fue un álbum cualquiera. Entre los surcos del vinilo aún suenan siete canciones -de las diez previstas se desecharon tres en el estudio, quedando el trabajo en un mini-LP- que resisten como el legado de un puñado de diletantes entusiastas, el retrato sonoro de los años 80 en La Rioja. «Aún no existía la UR, el Colegio Universitario sólo llegaba hasta tercero y cualquiera con un mínimo de inquietud enseguida emigraba», contextualiza José Ignacio Foronda, alias Poty, guitarrista de la banda y autor de buena parte de las letras.

En aquel Logroño a medio hacer culturalmente se encontraron una grupo de noctámbulos donde suelen hacerlo los que siempre buscan: un bar. «Era El Tifus, en la calle Santiago». Su dueño entonces, Jota Echagoyen, tomó la voz compartiendo labores de cantantes con Piru. Nacho Colis se hizo con la batería, Emilio Laseca asió el bajo, Mikel Ateca una guitarra y Poty la otra. Luego llegó Miguel Ángel Simón a la guitarra solista -Ateca volvió a Arnedo y montó Miembros Activos- y Ruper Gil tomó el saxo, y entre tanto el grupo se subió a la ola de una década efervescente. «De pronto, todo cambió», apunta Poty. «Los ayuntamientos se volcaron con la música, florecieron los conciertos, se multiplicaron los concursos».

El triunfo en uno de ellos, el Morrorock, permitió a Obras Públikas grabar un single, granjearles actuaciones por buena parte del Norte y grabar el disco que ahora cumple las bodas de plata. Los estudios Tsumani de San Sebastián acogieron la manufactura de aquel álbum que recoge temas como ‘Son las ches’, ‘(Es chemenda, es terrible esta sequía en) Etiopía’, ‘El que no corre vuela’ -un himno lisérgico firmado por Alberto Vidal al entonces ministro riojano del PSOE de Obras Públicas, Javier Sáenz Cosculluela- y, sobre todo, Logroño ciudad. «Aquella canción nos abrió muchas puertas», confiesa Poty. Una vía de acceso a locales míticos de Madrid como La Gruta o Elígeme, los 40 Principales y programas musicales que la juventud veneraba como el ‘A tope’ que dirigía José Luis Fradejas.

Obras Públikas sonaban en toda España, pero seguían ejerciendo de orgullosos músicos de provincias. «En aquella época, más que estilos había ‘movidas’; la de Vigo, la de Madrid, la del País Vasco… Nosotros queríamos representar la de Logroño y abrir puertas a toda nuestra generación». La fórmula secreta para mezclar sin rubor referencias a aquellas Mimí, Fifí y Yuyú que vivían la Gran Vía y, al mismo tiempo, hacer apostolado musical de Frank Zappa o Talking Heads.

La vida del disco resultó atribulada. Cuando todo parecía listo para el despegue, la compañía discográfica original (Soñúa) se desgajó en dos. Una de sus patas (Oihuka) empezó a volcarse en el rock radical vasco, y la que finalmente sostuvo el disco de los riojanos (Nola) apostó por bandas más aseadas y previsibles como 21 Japonesas, que acabaron arrumbando el disco de Obras Públikas en el cajón de series medias. Cada uno del grupo tiró por su lado, pero Logroño ya no volvió a ser la misma ciudad.

Fuente: Artículo de Teri Sáenz para Diario La Rioja

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