Afroboy
Nadie recuerda exactamente cuándo empezó a llamarse Afroboy, pero todos coinciden en que fue mucho antes de que él mismo lo asumiera. En los pasillos del instituto, en los primeros conciertos de garaje, en las noches frías de La Rioja donde la música era la única calefacción real, ya había algo en él que anunciaba que no sería un músico más. Era la mezcla de su pelo afro, su energía eléctrica y esa forma de mirar el mundo como si cada detalle pudiera convertirse en una canción.
A los 13 años, mientras otros soñaban con motos o videojuegos, él soñaba con escenarios. Aprendió guitarra casi por instinto, como quien descubre un idioma que ya llevaba dentro. Poco después llegó su primera banda, Black Luminescent, y con ella los viajes interminables por carretera, los conciertos en salas pequeñas donde el sudor se mezclaba con la ilusión, y los dos discos que grabaron como si el tiempo fuera un enemigo al que había que vencer.
Pero Afroboy no se conformaba con tocar: quería entender la música desde dentro. Por eso estudió sonido en Gipuzkoa, armonía, canto, marketing digital… todo lo que pudiera convertir su intuición en una herramienta afilada. Fue allí, entre cables, mezcladores y noches sin dormir, donde nació su proyecto más personal: Afroboy, el artista que no solo canta, sino que construye mundos sonoros.
Su estilo —una mezcla explosiva de pop punk, rock alternativo, electrónica y urban pop— no es una fórmula, sino un reflejo de su propia vida: caótica, luminosa, intensa. Él lo llama Future Rock, porque no mira hacia atrás; siempre está empujando hacia adelante, hacia lo que viene.
En su estudio, un pequeño templo creativo lleno de guitarras, pantallas y tazas de café, ha producido más de 100 canciones para otros artistas. Pero es en las suyas donde se escucha su verdad. Canciones que hablan de amor, de rabia, de crecer, de romperse y recomponerse. Canciones que ya suman decenas de miles de reproducciones y que han hecho ruido en TikTok e Instagram, donde algunos de sus vídeos superan el millón y medio de visualizaciones.
En directo, Afroboy se transforma. Acompañado por una banda de rock y secuencias digitales que hacen vibrar el suelo, convierte cada concierto en una descarga emocional. El público no solo escucha: vive la música con él.
