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Francisco Javier García Fajer

García Fajer, Francisco Javier. El Españoleto. Nalda (La Rioja), 2.XII.1730 – Zaragoza, 9.IV.1809. Compositor.

Hijo de Juan Bautista García y de Manuela Fajer. No se conocen antecedentes directos en su familia relacionados con el ejercicio profesional de la música, aunque un sobrino suyo cuatro años menor, Juan Antonio García de Carrasquedo, fue maestro de capilla en la catedral de Santander. La biografía de García Fajer anterior a su toma de posesión como maestro de capilla de la seo de Zaragoza (1756) es incompleta y fragmentaria. Por un memorial escrito por el propio compositor (Actas capitulares de la seo, 3 de junio de 1784) se sabe que sirvió durante cinco años como infante de coro en la propia seo, presumiblemente recibiendo lecciones musicales de José Lanuza, entonces su maestro de capilla. Aunque el memorial no precisa las fechas, esta etapa pudo transcurrir entre 1738 y 1743.

El enorme prestigio del que Fajer disfrutó en vida se debe, en buena medida, a su estancia en Italia durante aproximadamente una década, iniciada después de su paso por la seo. De entonces data el sobrenombre de Lo Spagnoletto con el que allí fue conocido, que se castellanizó como El Españoleto tras su regreso a España. El erudito aragonés Félix Latassa (canónigo en la seo durante los mismos años que el compositor ocupaba el magisterio de capilla) fue el primero en sugerir que García Fajer había completado su formación en el Conservatorio della Pietà dei Turchini de Nápoles. Este testimonio autorizado, sin embargo, no ha podido ser documentado por el momento. En abril de 1752 ejercía como maestro de capilla de la catedral de Terni (Umbría), sirviendo de intermediario en la contratación de nuevos cantantes procedentes de Nápoles, según recogen las actas del Consejo municipal.

El momento más activo del período italiano transcurrió entre 1752 y 1756, cuando compuso seis obras dramáticas, todas estrenadas en Roma (Congregación del Oratorio de los Filipinos, y teatros alla Valle, delle Dame y della Pace). Algunas de estas obras fueron representadas en distintas ciudades italianas y europeas durante los siguientes años, sobre todo La pupilla (repuesta en Bolonia en 1755, en Mannheim en 1758, en Múnich en 1758, en Florencia en 1760 y en Viena en 1763). Por el momento, sólo se conoce la música completa del oratorio Il Tobia, la ópera seria Pompeo Magno in Armenia y el intermezzo La finta schiava, aunque los últimos hallazgos invitan a pensar que en un futuro podrán aparecer nuevas fuentes hoy perdidas. Por otro lado, gracias a los libretos impresos de estas representaciones se puede documentar el relativo éxito de este compositor en los teatros europeos.

El 20 de marzo de 1756, García Fajer fue nombrado maestro de capilla de la seo de Zaragoza. En este puesto permaneció hasta su fallecimiento en 1809, pese al ofrecimiento para ocupar el magisterio de la catedral de Santiago de Compostela en 1769; a partir de 1784 contó con Baltasar Juste como asistente en el puesto y todo indica que desde la década de los noventa su ritmo compositivo para la seo disminuyó progresivamente. Sus obligaciones al servicio de una institución eclesiástica provocaron un cambio sustancial en su trayectoria compositiva en comparación con su etapa romana. A partir de su regreso a España, las obras teatrales en italiano dieron paso a las composiciones sacras destinadas a los servicios religiosos de la seo, fundamentalmente en latín, pero también en castellano, como los oratorios dedicados a santo Dominguito de Val (de los que se conserva sólo el libreto) y las arias al Santísimo Sacramento. Es destacable que su producción conocida no incluya obras instrumentales (salvo las oberturas que preceden a las obras escénicas), ni siquiera para órgano solo, un instrumento muy presente en la vida musical de las catedrales españolas. Por lo demás, su obra sacra abarca todos los géneros vocales de repertorio litúrgico. No se conoce, por el momento, prácticamente nada sobre la actividad de García Fajer al margen de su posición en la seo. Sin embargo, una insólita correspondencia encontrada recientemente revela que el compositor servía, desde Zaragoza, al conde de Luque en Madrid, escribiendo nuevas obras y asesorándole sobre distintos asuntos musicales. Como el propio compositor manifestaba que él mismo organizaba una academia musical, es muy probable que hubiera cultivado otros géneros musicales propios de entornos profanos de los que, por el momento, no parece haberse conservado nada.

La importancia de García Fajer para la historia de la música española puede resumirse en tres aspectos.

En primer lugar, desarrolló una intensa actividad pedagógica a través de su magisterio en la seo. Entre la larga lista de sus discípulos se encuentran Pedro Aranaz y Vides, Joaquín Barsala, Manuel Corao, Ramón Cuéllar, Caetano Echevarría, Juan Antonio García de Carrasquedo, Plácido García, Francisco de la Huerta, Baltasar Juste, Joaquín Laseca García, José Antonio Martinchique, Manuel Meléndez, José Ortega, Vicente Palacios, Julián Prieto, Mariano Rodríguez de Ledesma y Francisco Secanilla. Estos compositores ocuparon puestos musicales en catedrales y colegiatas de toda España, en muchos casos gracias a la intervención directa de su maestro mediante escrito de recomendación remitido al Cabildo correspondiente.

García Fajer llegó a disfrutar de una consolidada posición de influencia en las instituciones aragonesas y en las de su entorno riojano y navarro (pero, al parecer, no tanto en el catalán y valenciano) con capacidad para colocar a sus discípulos en las vacantes que se producían. La implicación del maestro en el futuro laboral de sus estudiantes contribuyó a la creación de una influyente red de discípulos sin precedentes que acabó por extender el prestigio de este compositor.

El segundo aspecto destacable es la enorme circulación y recepción de su obra: no menos de sesenta archivos españoles, en su práctica totalidad vinculados a instituciones religiosas, conservan fuentes musicales de García Fajer. Los canales empleados para esta colosal difusión fueron variados. En febrero de 1792, el Diario de Madrid publicaba el anuncio de la venta de un motete suyo en una de las numerosas librerías musicales de la Corte, mientras que en marzo de 1798 la Gazeta de Madrid publicaba que una reducción en tablatura de su Stabat Mater estaba disponible en otra librería. En numerosas ocasiones fue el propio compositor quien directamente ofrecía sus composiciones a los cabildos eclesiásticos, incluyendo los asentados en los territorios americanos. Sin embargo, el modo más eficaz y rápido para la difusión de su música fue la red formada por discípulos y colegas, que se pasaban sus composiciones —como la de tantos otros contemporáneos— de mano en mano.

La circulación de su música alcanzó una dimensión geográfica nacional e internacional desconocida hasta el momento, sólo superada por la expansión de la imprenta musical y la comercialización de las partituras a finales del siglo XIX. De modo que su obra no sólo se copió e interpretó en la práctica totalidad de las instituciones religiosas españolas, sino que llegó a ser conocida, literalmente, a miles de kilómetros de distancia en las ciudades coloniales de Ciudad de México, Durango, Lima, Los Ángeles, Manila, Morelia, Puebla y Santiago de Chile. Son cerca de treinta los archivos extranjeros que conservan en la actualidad alguna fuente de García Fajer. El hecho de que cerca del 90 por ciento de su obra difundida sean géneros en latín (un repertorio, por definición, más estable y menos permeable a cambios estilísticos), junto a la factura musical de sus composiciones, facilitó que su obra se interpretara en determinadas instituciones eclesiásticas durante todo el siglo XIX hasta principios del XX. En Coria se adaptaron obras suyas después de 1824; el maestro de capilla de Calatayud fue a Zaragoza en 1825 para copiar algunos de sus responsorios; en Roncesvalles se copiaron dos misas en 1830; en Murcia se mandaron copiar sus responsorios en 1845; en Albarracín se arregló una misa en 1865, y en Huesca se siguió copiando su obra en 1911. Con todo, parece que en ninguna institución (quizá salvo la propia seo de Zaragoza) la obra de García Fajer tuvo una recepción tan intensa como en la catedral de Granada, donde sus responsorios, misereres y misas se interpretaron en varias ocasiones durante las últimas décadas del siglo XIX hasta una fecha tan tardía como 1913. El hecho de que la totalidad de su música, sin excepción, se conserve manuscrita no es indicativo de su demanda, puesto que en España la música religiosa —al igual que la teatral— rara vez se imprimió hasta mediados del siglo xix. Por su parte, la producción teatral compuesta durante la década de los cincuenta en Italia se conserva mayoritariamente en archivos de Mantua, Módena, Parma, Roma y Udine, al que se añaden otras fuentes en Berlín, Estocolmo, Lisboa, Londres, París, San Francisco, Uppsala y Viena.

Por último, el tercer aspecto destacable de la figura de García Fajer es su participación en el proceso de reintroducción de los responsorios en sustitución de los villancicos en la celebración de la fiesta de Navidad.

Pese a la idea repetida durante décadas, ahora se sabe que García Fajer no fue el responsable de este proceso, sino que, más bien, aprovechó una inercia anterior. No hay duda, sin embargo, de que propició un impulso notable a esta sustancial transformación en el uso de los géneros musicales al componer un número importante de responsorios que enviaba a los cabildos catedralicios (como el de la catedral de Granada). Este proceso no afectó al cultivo de los géneros sacros en castellano destinados a otras festividades. De hecho, se conserva cerca de un centenar de arias generalmente para soprano solista con rasgos virtuosísticos y simetrías melódicas. A pesar del papel destacado que García Fajer ejerció durante décadas y del reconocimiento de sus contemporáneos, la historiografía musical ha tenido una actitud más bien tibia, cuando no negativa, en torno a este compositor cuya obra espera un estudio más detallado y una merecida recuperación y difusión.

Obras de ~: No existe un catálogo de su obra, aunque hay disponible un primer inventario que recoge 1.033 fuentes distintas, incluyendo varias de autoría pendiente por confirmar (véase el apéndice de fuentes en el libro La ópera en el templo, citado en la bibliografía, con una quincena de artículos centrados en este compositor). El listado que sigue debe entenderse como una primera aproximación complementaria. Música escénica en italiano (todas estrenadas en Roma): Il Tobia, 1752; La Susanna, 1754; La finta schiava, 1754, Pompeo Magno in Armenia, 1755; La pupilla, 1755; Lo scultore deluso, 1756. Música religiosa en latín: aproximadamente 380 obras, en torno a la mitad misas y responsorios. Música religiosa en castellano: oratorios: La inocencia contrastada, 1757; Despega vistosas luces, 1761; Plausible triunfo, 1763; Zaragoza laureada, 1766; [oratorio] 1768; El valor acrisolado, 1780; Acordes festivas consonancias, 1781; Prodigios de la gracia, 1782; Espejo de la consonancia, 1783; Morir sabiendo morir, 1784; [oratorio] 1785; La religión triunfante, 1786; [oratorio] 1787. Arias y otros géneros en lengua vernácula (listado provisional): A Jesús del alma mía; A la mesa del pan; Admirable y piadoso con portento; Al calvario almas llegad; Al convite de júbilo; Al risco se despeña; Alabe el mundo todo; Alaben en su ser; Ansioso el ciervo huido; Antón que las Navidades son; Apenas el hombre nace; Aquel hijo pródigo mal contento; Aunque más el cielo brame; Aurora lucido; Ave María, Dios te salve; Bajo tu protección; Brillando divino hermoso; Cantemos pastores con santo placer; Como el hombre temer puede; Cómo es posible, cielos; Con pompa celestial llega del cielo; Con semblante pacífico; Cristiano que ese piélago; Cual ciervo sediento oh Dios amoroso; Dios grande y poderoso; Dios inmenso, que en cándido velo amoroso; Dios sabio y omnipotente; El clarín con acentos; En corto momento volando se va; En larga noche; En trono soberano; Entre luz prodigiosa, hoy baja al suelo; Entre sombras sensibles; Ese manjar del cielo; Espíritus alados; Fineza incomprensible gran portento; Forme el fuego un clarín; Huía pues corrido: es nuestro apóstol Santiago; Jesús al fin de su vida; La redención copiosa; Llega todo humillado; Llego postrado amante; Lleno de confusiones; Llora Israel; Madre de los Redentores en Mercedes liberal; Me pasmo, me admiro; Me pasmo oh Dios eterno al veros; Mi Dios, cuán bueno sois; Mira el pastor divino; Mísera ovejita; Muera abatida la cruel tirana; No en vano recela el león en la selva; No llegues ingrato; No soy yo dice Cristo; Nuestro Jesús al pensar; Oh admirable sacramento; Oh buen Dios; Oh convite sagrado; Oh deidad escondida; Oh Dios amoroso oh dios de mi vida; Oh fineza de un Dios sacramentado; Oh Iglesia romana o ciudad santa; Oh mi Dios quien tal creyera; Oh mi Dios y señor muy amoroso; Oh patria venturosa; Oh poder, oh bondad incomprensible; Oh sacro inmenso Dios que soberano; Oh venturoso día; Os amo Dios mío y adoro humillado; Padre del alma mía; Pasmase el orbe todo; Pastor soberano Jesús de mi alma; Pecador que estás dormido; Penando, Jesús mío; Pone al infiero todo en gran cuidado; Pues sois de nuestro consuelo; Qué asombre, qué pasmo; Qué consuelo qué gozo y alegría; Qué ejemplo de piedad mi Dios; Qué prodigio qué asombro; Quién creyera, Dios mío; Quien divino fuego no se enciende; Quien pudiera mi dios; Quisiera Virgen María; Repitan santo resuene la alegría; Reverente y humillado; Rey eterno de las almas; Rey eterno soberano; Río Grande; Rompan cristales undosos; Salve, virgen pura; Señor yo llego ansioso; Si duras siempre hermosa; Si en la mesa divina de esplendores; Si llego a la mesa; Soberbio monstruo; Suplicoos reinos amorosa; Teniendo muy presente los favores; Un dios enamorado lleguemos pues rendidos; Vacilante me hallo; Viendo que el sol brillante; Voy más donde cielos; Ya cesaron los horrores; Ya mi alma constante y amorosa; Yo confieso mi Dios vuestras piedades; Yo conozco señor; Yo me pasmo me confundo cuando veo; Yo quiero adorarte; Yo soy el pan de vida.

Escritos: Siete Palabras de Cristo en la Cruz, ed. de J. V. González Valle, Barcelona, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 2000; La finta schiava, intermezzi a tre voci, ed. y estudio histórico de Paolo Vittorio Montanari, tesina de investigación, Bolonia, Universidad, 2006; Pompeo Magno in Armenia: dramma per musica in tre atti, ed. de Tomás Garrido, Madrid, ICCMU, 2007.

Bibl.: M. H. Eslava (ed.), “Lamentaciones a ocho”, en Lira Sacro Hispana, vol. I, serie primera, Madrid, M. Salazar, 1852; F. Latassa, Bibliotecas Antigua y Nueva de Escritores Aragoneses, aumentadas y refundidas […], Zaragoza, M. Gómez Uriel, 1884; J. J. Carreras, La música en las catedrales en el siglo xviii: F. J. García (1730-1809), Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1983; “La renovación de la música religiosa: F. J. García (1731-1809) y M. R. de Ledesma (1779- 1847)”, en Aragón en el mundo, Zaragoza, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1988, págs. 289-296; M. Sánchez Siscart, El oratorio barroco en Aragón y su contexto hispánico, tesis doctoral, Universidad de Zaragoza, 1992; J. T. Garrido (ed.), Música Española para orquesta de cuerda (siglos xviii y xix), Madrid, ICCMU, 1998; J. J. Carreras, “García Fajer, Francisco Javier”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, vol. V, Madrid, Sociedad General de Autores, 1999, págs. 448-449; R. Fraile, “F. J. García Fajer: hacia una biografía crítica”, en Berceo, 138 (2000), págs. 172-183; T. Garrido, “Música coral en castellano en el tránsito del siglo xviii al xix: del Españoleto a Barbieri”, en Nassarre. Revista aragonesa de musicología, 17, 1-2 (2001), págs. 155-180; M. A. Marín (ed.), Antología musical de la Catedral de Jaca en el siglo xviii, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2002; T. Garrido, “Francisco Javier García Fajer, El Españoleto, y su ópera Pompeo Magno in Armenia”, en Cuadernos de Iregua, 2 (2002), págs. 14-24; T. Garrido, “Concierto de la ópera Pompeo Magno in Armenia de Francisco Javier García Fajer ‘El Españoleto’”, en Cuadernos del Iregua, 3 (2003), págs. 40-50; W. Summers, “‘Lo Spagnoletto’ en Manila: una nueva fuente de la Lamentación Primera de Jueves Santo”, en J. J. Carreras y M. Á. Marín (eds.), Concierto Barroco. Estudios sobre música, dramaturgia e historia cultural, Logroño, Universidad de La Rioja, 2004, págs. 189-208; A. M. Antoñanzas Martínez, “Antecedentes familiares de Francisco Javier García Fajer en la villa de Nalda, 1711-1743”, en Cuadernos del Iregua, 7 (2007), págs. 4-28; M. Heibron Ferrer, “La circulación de los responsorios del Españoleto en el ámbito hispánico”, en Memoria ecclesiae, 31 (2008) págs. 673-678; C. H. Russell, From Serra to Sancho: Music and pageantry in the California missions, New York, Oxford University Press, 2009; M. A. Marín (ed.), La ópera en el templo. Estudios sobre el compositor Francisco Javier García Fajer, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos-Institución Fernando el Católico, 2010.

Fuente: Miguel Ángel Marín López

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