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Pedro Pérez de Albeniz y Basanta

Pérez de Albéniz y Basanta, Pedro. Logroño (La Rioja), 14.IV.1795 – Madrid, 12.IV.1855. Pianista, pedagogo (primer catedrático del Real Conservatorio de Música de Madrid), compositor y organista.

Pedro Pérez de Albéniz y Basanta nació en el seno de una familia musical, su padre —Mateo Albéniz, maestro de capilla y organista de la Colegiata de Santiago de Logroño, y autor del tratado Instrucción metódica especulativa y práctica para enseñar a cantar y tañer la música moderna y antigua (1802)— dirigió sus primeros estudios musicales en Logroño y San Sebastián (desde 1805).

La situación de la enseñanza musical en aquella época era muy adversa ya que ni disponía del apoyo institucional de la Monarquía ni existía un conservatorio nacional. El país sufría un aislamiento y un retraso cultural que concluyó con la muerte de Fernando VII y la promulgación de la amnistía por la reina María Cristina (1833), que posibilitó el retorno de los exiliados, quienes introdujeron el Romanticismo, el nuevo movimiento cultural que habían conocido en Francia e Inglaterra, y que, por tanto, en España estará unido al Liberalismo desde sus inicios.

Por tanto es un movimiento que llegó de fuera, y los músicos españoles que no salían al extranjero se mantuvieron ligados a la tradición clásica de finales del siglo xviii. Mientras tanto, los músicos españoles que se encontraban en el extranjero, tanto los liberales expatriados como los que se marcharon para mejorar sus carreras profesionales, conectaron con el nuevo estilo cuando se estaba imponiendo en París y Londres.

No había medios en España para desarrollarlo.

Albéniz pertenece al grupo de músicos que difundieron el romanticismo tras ampliar su formación en París, con cuatro estancias breves entre 1825 y 1829, a lo largo de las cuales conoció las innovaciones que se estaban llevando a cabo en el piano romántico, estudiando con Herz y Kalkbrenner, y entrando en contacto con los músicos más representativos del momento como Fétis o Rossini, cuya relación se mantuvo a través del tiempo, según afirman todas las fuentes, incluso su hoja de servicios.

Además de romántico, Albéniz se reveló como simpatizante liberal, una de las pruebas más elocuentes de su filiación liberal —entre otros acontecimientos de su vida— es la composición en 1825 de Variaciones brillantes para piano-forte sobre el Himno de Riego, Op. 28, en medio de la década ominosa. Podría parecer que la composición de esta obra le obligase de alguna manera a permanecer en París, sin embargo nunca fue perseguido por liberal e incluso recibiría, años más tarde, la protección del rey Fernando VII.

Pedro Albéniz nunca pretendió instalarse y desarrollar su carrera en París, puesto que compaginó estas estancias con el puesto de organista de San Vicente de San Sebastián, que ocupaba desde los diez años, y el de maestro de capilla de Santa María de San Sebastián, desde que en 1827 su padre se jubilara. Además, según consta en su hoja de servicios, compaginó estos cargos con el de administrador de las Reales Loterías de San Sebastián desde 1816 hasta 1829.

A principios de 1830 entró en contacto con la Casa Real en Aranjuez tras ofrecer una gira de cuatro conciertos con el violinista Escudero en los Salones de Santa Catalina, logrando un gran éxito celebrado por la crítica. Poco después (el 7 de junio de 1830), la reina María Cristina le nombró maestro de Piano y Acompañamiento del Real Conservatorio de Música de Madrid.

Con su traslado a Madrid se inicia la segunda etapa de su trayectoria profesional dedicada por completo al piano y en la que deja el órgano en un segundo plano. Desde su cargo en el conservatorio normalizó la enseñanza oficial del instrumento en España. Introdujo en España la Escuela francesa y a partir de ella sistematizó la nueva escuela de piano española, cuyas bases recogió en su Método Completo para piano publicado en 1840 y adoptado el 18 de mayo de 1840 como texto para la enseñanza de la clase de Piano, tras superar el examen de la Junta Auxiliar Facultativa del Conservatorio. Además de responder a la obligación de todo profesor del Real Conservatorio, cubría un gran vacío, ya que hasta la fecha las únicas aportaciones consistían en pequeños métodos como los de Sobejano, Nonó y López Remacha dedicados al pianoforte clásico. Albéniz creó un método completo que abarcaba por un orden gradual y progresivo todos los recursos técnicos, que conforman la ejecución de cuantas dificultades se conocían en su época.

El método se impuso como única obra española pedagógica en el piano español durante la primera mitad del siglo xix. Y aunque desde 1856 comenzaron a publicarse nuevos métodos de pianistas como José Miró, José Aranguren, Román Jimeno, Pedro Tintorer, Manuel de la Mata o Eduardo Compta, todos seguían un programa de ejercicios y técnica inspirado en el método de Albéniz en mayor o menor medida. Su influencia llega hasta el siglo XX; el propio Salazar se refiere a él como una obra básica de la instrucción española “comparable al método de solfeo de Eslava, todavía vigente a mediados de nuestro siglo”.

A partir de 1834, Pedro Albéniz comenzó a simultanear la actividad en el Conservatorio con la que iba a desarrollar en la Casa Real, ya que el 15 de junio de 1834 fue nombrado organista interino de la Real Capilla y tres meses más tarde, por la Real Orden del 26 de octubre de 1834, se le concedió la plaza en propiedad.

Posteriormente el 31 de mayo de 1837, la Reina le nombró pianista de Su Majestad, título que podía añadir a sus obras para conseguir una mayor difusión.

Su actividad pedagógica se amplió notablemente desde que el 19 de enero de 1841 fue nombrado maestro de Piano de la reina Isabel II y de su hermana la infanta María Luisa Fernanda. Este cargo, junto al de pianista de Su Majestad, condicionó la mayor parte de su producción pianística creada especialmente para la Familia Real. Desde ahora su actividad musical giró principalmente en torno al Palacio Real, tanto a nivel educativo o compositivo, como a nivel interpretativo, ya que participaba activamente en los conciertos que regularmente se organizaban en palacio, en los que solían estrenarse sus obras, generalmente dedicadas y estrenadas por la reina Isabel II o su hermana.

Sin embargo, su proyección personal no sólo se limitó a su actividad en Palacio y en el Conservatorio, sino que fue un miembro relevante de la comunidad musical, y como tal fue nombrado segundo vicepresidente de la Junta Directiva del Liceo Artístico y Literario de Madrid (3 de enero de 1838) y distinguido profesor y maestro de Música, socio de honor de la Academia Filarmónica Matritense y socio del Orfeo Español (19 de febrero de 1841).

Paralelamente, las relaciones con la Familia Real se fueron estrechando cada vez más, llegando la reina Isabel II a concederle por gracia especial ser madrina de su hija Ángela en su matrimonio con José María Gorostidi, celebrado en la habitación de la camarera mayor de palacio, el lunes 4 de diciembre de 1848.

Dos años más tarde, el 26 de febrero de 1850 juró el puesto de secretario honorario de Su Majestad. Tras sufrir una enfermedad crónica, Pedro Albéniz falleció el 12 de abril de 1855 a las once y media, según indicó su yerno, José María de Gorostidi, a la Casa Real. Los funerales se celebraron el lunes 23 de abril de 1854 en la iglesia parroquial de San Ginés con todos los honores propios de su cargo.

Pedro Albéniz fue por antonomasia un compositor para piano, aunque, por las obligaciones de sus cargos, también compuso música sacra vocal y organística.

La mayor parte de su obra pianística fue realizada entre 1830 a 1854, siendo la década de 1840 en la que se concentra el grueso de su producción.

Cultivó la línea pianística más en boga y generalizada en París, aquella que potencia el desarrollo del virtuosismo técnico al estilo de Herz y Kalkbrenner. Su producción pianística es un fiel reflejo de la europea y marcará claramente el repertorio español posterior.

Su trayectoria profesional fue reconocida en 1843 con la concesión de la Cruz de caballero de la Orden de Isabel la Católica y la Cruz Supernumeraria de la Real y Distinguida Orden de Carlos III. Además la Reina le comentó en varias ocasiones que le había dicho al ministro de Estado que le concediera la Cruz de comendador de número, pero Pedro Albéniz no hizo ninguna gestión para que se pasaran las órdenes oportunas.

Obras de ~: El catálogo de la producción musical de Pedro Pérez Albéniz ha sido publicado en: G. Salas Villar, “Pedro Pérez de Albéniz: en el segundo centenario de su nacimiento”, en Cuadernos de Música Iberoamericana, vol. 1, Madrid, ICCMU, 1996; S. Albéniz y Menéndez del Tronco y G. de Porras y Rodríguez, Dos Riojanos en la música de los siglos XVIII y XIX (Mateo y Pedro Albéniz), Madrid, 1999; G. Salas Villar, “Pedro Pérez de Albéniz y Basanta”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), Diccionario enciclopédico de la música española e hispanoamericana, vol. VIII, Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 2000.

Fuentes y bibl.: Archivo General de Palacio, Hoja de Servicios de Pedro Albéniz y demás circunstancias que se expresan en el artículo 756 de la Ordenanza General de la Real Casa y Patrimonio (Madrid, 18 de octubre de 1841), Caja n.º 31, exp. 12; Archivo del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, Índices de Reales Ordenanzas y Expedientes Generales desde el 15 de Julio de 1830, leg. 3, n.º 39; Libro de registro de las Reales ordenes comunicadas al Conservatorio de Música y Declamación de M.ª Cristina desde su reorganización en setiembre de 1838 a 1843.

J. Esperanza y Sola, 30 Años de Crítica Musical, Madrid, 1906; J. Vega de Mina, Apuntes para la historia del tiempo en que ocupó los destino de Allá de S. M. y A. y Camarera mayor del Palacio su autora la Excma. señora Doña Juana Vega de Mina, Condesa de Espoz y Mina, Madrid, Imprenta de Hijos de M. C. Hernández Libertad, 1910; A. Salazar, Los grandes compositores de la era romántica, Madrid, Aguilar, 1958; R. Mesonero Romanos, Memorias de un sesentón, Madrid, Tebas, 1975; C. Gómez Amat, “Apuntes sobre el sinfonismo español en el s. XIX, en el Romanticismo musical español”, en Ritmo, año 1, n.º 2 (1982); Historia de la música española. 5. Siglo XIX, Madrid, Alianza Editorial, 1984; M. Navarro, “La Biblioteca del Real Conservatorio Superior de Madrid”, en Revista de la Sociedad Española de Musicología (SEdM), vol. XI, n.º 1 (1988); P. Rattalino, Historia del Piano. El instrumento, la música y los intérpretes, Barcelona, Labor, 1988; L. Siemens Hernández, “Los Fondos musicales españoles de los Duques de Montpensier”, en SEdM, vol. XIV n.º 1-2 (1991); J. I. Ansorena Miner, “Iztueta eta Albéniz 0en musika bilduma”, en Txistulari, n.º 163 (1995); G. Salas Villar, “Pedro Pérez de Albéniz: en el segundo centenario de su nacimiento”, en Cuadernos de Música Iberoamericana, vol. 1 (ICCMU) (1996); S. Albéniz y Menéndez del Tronco y G. de Porras y Rodríguez, op. cit., 1999; G. Salas Villar, “La enseñanza para piano durante la primera mitad del s. xix: los métodos para piano”, en Nasarre, XIV, 2 (1999); “La normalización de la enseñanza para piano a través de la Cátedra de Pedro Albéniz en el Real Conservatorio de Madrid”, en SEdM, vol. XX, 1 (1999); “Pedro Pérez de Albéniz y Basanta”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), op. cit., 2000; L. Chiantore, Historia de la técnica pianística, Madrid, Alianza Música, 2001.

Fuente: Gemma Salas Villar

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